MAMPOSTERÍA: EL PAÍS DONDE TODOS SE VOLVIERON INGENIEROS!

Apreciados lectores,                                            

             Después del terremoto, una palabra técnica se convirtió en patrimonio del saber popular. La dicen con firmeza creadores -chamanes- de contenido. El problema no es que la conozcan. El problema es que muchos creen que conocer la palabra significa comprender la estructura.
 
             Hay palabras que entran en el lenguaje cotidiano porque la sociedad las necesita. Y hay otras que entran porque una tragedia las pone de moda.
 
             Después del terremoto del 10 de agosto de 2026, hay una palabra que probablemente se ha pronunciado más que nunca en Colombia: mampostería. La dicen constantemente propietarios de viviendas, maestros de obra, taxistas, tenderos, vendedores ambulantes, vecinos y usuarios de redes sociales. Se habla de mampostería, muros de carga, columnas, vigas, placas y cimentaciones con una familiaridad que hace apenas unas semanas estaba reservada, en buena medida, a quienes estudian y ejercen profesiones relacionadas con la construcción.
 
              El problema no es que los colombianos estén aprendiendo. El problema es que están confundiendo aprender una palabra con comprender una disciplina.
 
LA NUEVA UNIVERSIDAD: LAS REDES SOCIALES!
             Colombia tiene una característica cultural que el terremoto volvió todavía más evidente: aquí todo el mundo parece sentirse autorizado para ejercer de experto. Todos se creen ingenieros, arquitectos, abogados, médicos, publicistas, mercadotecnistas y desde hace algunos años, periodistas!
 
             La diferencia es que antes esa opinión se quedaba en la conversación familiar, el café, el taxi o la tienda del barrio. Hoy tiene micrófono, tiene cámara, tiene algoritmo, tiene seguidores, y sobre todo, tiene apariencia de autoridad. No son expertos. Son expertos en parecer expertos!
 
             Ese es uno de los efectos menos discutidos de la democratización de las redes sociales: democratizamos el acceso al micrófono, pero no democratizamos la capacidad para distinguir entre información, conocimiento, experiencia y competencia profesional. Falta el código de veracidad.
 
LOS NUEVOS CHAMANES DIGITALES!
              El terremoto produjo una explosión de contenidos sobre seguridad estructural. Algunos son valiosos y cumplen una función pedagógica necesaria. Otros, sin embargo, convierten problemas de enorme complejidad en recetas de pocos segundos. Son los nuevos chamanes digitales: personas que hablan de todo, opinan de todo y explican de todo con una seguridad que muchas veces no corresponde con su formación, experiencia o responsabilidad profesional.
 
* El algoritmo premia la certeza. La ingeniería trabaja con variables.
* El creador de contenido dice: “Ese muro no es estructural.”
* El profesional responsable dice: “Necesito revisar la estructura.”
* El primero consigue visualizaciones. El segundo necesita planos, inspecciones, información del suelo, sistema estructural, materiales, cargas y cálculo. La diferencia puede parecer pequeña frente a una pantalla. Frente a un edificio, puede ser gigantesca.
 
MAMPÓSTERÍA: LA PALABRA QUE CONVIRTIÓ A MILLONES EN EXPERTOS!
               Nunca había sido tan fácil escuchar a alguien hablar de mampostería. Pero saber qué significa mampostería no significa saber cómo se comporta una estructura de mampostería.
 
               Conocer la diferencia entre un muro y una columna no permite determinar por sí solo qué función cumple cada elemento dentro de una edificación. Reconocer una grieta tampoco convierte automáticamente a nadie en especialista en patología estructural. Y haber visto veinte videos sobre construcción no habilita a una persona para decidir qué puede demolerse, perforarse, reforzarse o modificarse.
 
               Una edificación es un sistema. Y los sistemas estructurales no se diagnostican por intuición, por sonido, por apariencia o por una fotografía enviada a WhatsApp.
 
               La normativa colombiana de construcción sismorresistente existe precisamente porque el comportamiento de una edificación frente a un sismo no puede reducirse a opiniones espontáneas. La Ley 400 de 1997 y la NSR-10 establecen un marco técnico y profesional orientado, entre otros objetivos, a proteger la vida humana frente a eventos sísmicos.
 
              La mampostería no es una palabra mágica. Y mucho menos una licencia para convertirse en ingeniero.
 
EL VERDADERO PROBLEMA ESTABA ANTES DEL ALGORITMO!
             Hay algo todavía más preocupante: la autoconstrucción. Porque Colombia no descubrió la construcción informal con TikTok, Instagram o YouTube.
La autoconstrucción tiene profundas raíces sociales y económicas. Ha acompañado durante décadas el crecimiento de nuestras ciudades y la necesidad de millones de familias de resolver su vivienda con los recursos disponibles.
 
              El problema es que ahora esa práctica puede encontrarse con una nueva fuente de legitimación: el conocimiento fragmentado de las redes sociales.
Antes alguien decía: “Yo siempre he construido así.”
Ahora puede decir: “Yo vi un ingeniero que explicó que eso se puede hacer.”
La diferencia es enorme. Porque el segundo cree que ya tiene respaldo técnico.
 
UNA CASA NO PUEDE CONSTRUIRSE CON TUTORIALES!
              La autoconstrucción puede empezar con una necesidad legítima, pero convertirse en un problema de seguridad cuando se modifican elementos estructurales sin diseño, cálculo, supervisión o evaluación profesional. Agregar un piso, abrir un vano, eliminar un muro, modificar una placa, intervenir una columna, cambiar una cubierta o alterar una distribución.
 
             Cada decisión puede modificar el comportamiento de una edificación. Y ninguna de esas decisiones debería depender de la cantidad de reproducciones que tenga un video.
 
              Una vivienda no se convierte en sismorresistente porque alguien lo explicó en Instagram.
 
EL TERREMOTO TAMBIÉN DEJÓ AL DESCUBIERTO UNA ENFERMEDAD CULTURAL!
             Esta discusión trasciende la ingeniería. Colombia ha desarrollado una curiosa cultura de la experticia instantánea:
* El abogado de WhatsApp.
* El médico de Facebook.
* El arquitecto de Instagram.
* El publicista de TikTok.
* El economista de X.
* El ingeniero de YouTube.
Todos tienen una opinión. Y todos tienen derecho a tenerla. Lo que no pueden tener automáticamente es autoridad profesional sobre aquello que opinan. Esa diferencia debería ser elemental.
 
             Pero las redes sociales la han desdibujado. La democratización del micrófono fue una conquista. La democratización del conocimiento también puede serlo. Lo peligroso aparece cuando ambas cosas se confunden y el número de seguidores comienza a sustituir la formación, la experiencia, la evidencia y la responsabilidad.
 
DESPUÉS DEL TERREMOTO, MENOS GURÚS Y MÁS PROFESIONALES!
              El país necesita pedagogía. Pero necesita pedagogía responsable. Necesita que un ciudadano pueda entender qué significa una grieta, qué es una mampostería estructural, qué señales deberían generar preocupación y cuándo debe evacuar o solicitar una evaluación.
 
           Pero esa pedagogía debe conducir a una conclusión muy sencilla: hay momentos en los que el ciudadano debe dejar de interpretar y llamar a un profesional. Porque saber preguntar es inteligencia. Saber reconocer una señal de riesgo es prevención. Pero creer que un video de 20 segundos reemplaza años de formación profesional es otra cosa.
 
              El terremoto movió el suelo. Las redes movieron el conocimiento. Y ahora Colombia tiene que aprender a distinguir entre ambos movimientos. Porque el próximo error de una mala interpretación no necesariamente terminará en un comentario. Puede terminar en una casa, en un edificio, en una familia.
 
              Y entonces descubriremos demasiado tarde que la mampostería era solamente una palabra. La ingeniería era todo lo que no sabíamos detrás de ella.
 
Lo digo yo!
 
 

FERNANDO GIRALDO NARANJO
CEO OPEN HOUSE COLOMBIA
contactocgrupocedt@gmail.com
Móvil +57 3147098916 Pereira, Colombia.

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