LAS REDES SOCIALES, UN VERTEDERO DE FALSOS PROFETAS!

Por: FERNANDO GIRALDO NARANJO (Marketer & Estratega Real Estate Global)

El problema no es que las redes sociales hayan democratizado la palabra. El problema es que también democratizaron la autoridad sin democratizar el conocimiento. Nunca antes en la historia tanta gente había tenido un micrófono sin haber aprendido previamente qué decir.

                Abrir hoy una red social puede convertirse en una experiencia de intoxicación informativa. Frente a nuestros ojos desfilan, en interminables carruseles de videos verticales, personajes sabelotodo que nadie conoce y que, sin embargo, hablan con una seguridad episcopal sobre terremotos, inversiones, arquitectura, ingeniería, seguros, urbanismo, bienes raíces, economía, política, salud, mercadeo y prácticamente cualquier asunto que produzca audiencia. No son expertos.Son expertos en parecer expertos!

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La nueva patología: autoridad sin competencia!

El fenómeno tiene una dimensión casi patológica: la transformación de la visibilidad en autoridad. Antes, para hablar públicamente sobre un asunto especializado era necesario acumular formación, experiencia, investigación, trayectoria y reconocimiento profesional. Hoy basta, en demasiados casos, con una cámara, un micrófono, un aro de luz y suficiente desparpajo para comenzar a impartir cátedra.

                 El algoritmo no pregunta qué estudió quien habla. No verifica su experiencia. No contrasta sus afirmaciones. No distingue entre un ingeniero estructural y un personaje que acaba de descubrir la palabra sismo. Premia la retención, la interacción, la controversia y la capacidad de producir emociones. La plataforma mide audiencia; nosotros terminamos interpretándola como conocimiento. Y ahí comienza el segundo desastre.

El terremoto: combustible perfecto para los falsos profetas!  

El terremoto convirtió esta patología en una auténtica epidemia. Una sociedad atemorizada necesita respuestas. Quiere saber qué pasó, qué edificios son seguros, qué ocurrirá con los precios inmobiliarios, cómo funcionan los seguros, qué debe hacer un propietario, qué pasará con las normas de construcción y cuál será el futuro de las ciudades afectadas. Ese vacío de incertidumbre es terreno fértil para el profeta y chamán digital.

                De repente aparecen especialistas espontáneos que diagnostican estructuras sin haberlas inspeccionado, pronostican el comportamiento del mercado sin conocer sus variables, interpretan normas que jamás han estudiado y anuncian consecuencias económicas con la misma facilidad con que recomiendan un restaurante.

                La tragedia se convierte en escenario y el miedo ciudadano, en contenido. El problema ya no es solamente la desinformación. Es algo más peligroso: la falsa sensación de certeza.

Cuando saber manejar una cámara se confunde con saber comunicar!  

La enfermedad también alcanzó al mundo de la publicidad y el mercadeo. El video es, indiscutiblemente, una de las herramientas más poderosas de comunicación contemporánea. Pero existe una diferencia abismal entre dominar el formato audiovisual y dominar la comunicación estratégica. Saber iluminar un rostro no convierte a nadie en publicista. Saber editar un reel no convierte a nadie en estratega de marca.

               Tener soltura frente a una cámara no equivale a comprender investigación de mercados, posicionamiento, arquitectura de marca, creatividad, planeación estratégica, comportamiento del consumidor o construcción de reputación.

               Una cámara registra. Una estrategia transforma. Y esa diferencia está siendo peligrosamente borrada.

               Una generación de creadores de contenidos formados muchas veces en cursos acelerados de producción audiovisual, está entrando a territorios profesionales que durante décadas exigieron formación universitaria, experiencia, investigación y oficio. No porque el talento autodidacta carezca de valor —sería absurdo afirmarlo—, sino porque la producción de contenido no puede confundirse con la construcción de conocimiento.

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El vertedero de la certeza!

El resultado es un ecosistema donde el profesional riguroso compite en desventaja contra el personaje estridente.

El primero dice: “depende de las variables”.

El segundo dice: “yo le voy a explicar la verdad”.

El primero advierte incertidumbres.

El segundo promete certezas.

El primero investiga antes de hablar.

El segundo habla para que el algoritmo lo premie.

                Y entonces ocurre la paradoja de nuestro tiempo: la prudencia parece ignorancia y la seguridad escénica parece inteligencia.

                 No necesitamos menos redes sociales. Necesitamos recuperar una categoría que el algoritmo está erosionando: el criterio. Antes de creer, preguntar. Antes de compartir, verificar. Antes de contratar, investigar. Antes de conceder autoridad, exigir trayectoria.

* Porque cualquiera puede comprar un micrófono.

* Cualquiera puede aprender a mirar una cámara.

* Cualquiera puede convertirse en personaje.

                Pero convertirse en profesional sigue requiriendo algo que ningún algoritmo puede fabricar: conocimiento, experiencia, método y responsabilidad.

                Y quizá esa sea la verdadera reconstrucción que necesitamos después del terremoto: no solamente reconstruir edificios, ciudades y mercados.

También tendremos que reconstruir nuestra capacidad de distinguir entre quien sabe y quien simplemente habla.

Lo digo yo!

FERNANDO GIRALDO NARANJO
CEO OPEN HOUSE COLOMBIA
contactocgrupocedt@gmail.com
Móvil +57 3147098916 Pereira, Colombia.

*Este artículo fue creado por la Sala de Observación y Análisis de OPEN HOUSE COLOMBIA perfeccionado con inteligencia artificial que utiliza ‘Machine Learning’ para corrección de texto similar al humano.

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