EL BONO QUE COLOMBIA DEJÓ VENCER: LA FACTURA DE NO ASEGURAR EL RIESGO SÍSMICO!
Por: FERNANDO GIRALDO NARANJO (Marketer & Estratega Real Estate Global)
Hay decisiones de gobierno que se olvidan en los archivos, hasta que la realidad se encarga de recordarlas…
En 2018, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, Colombia hizo algo que pocos países de la región habían conseguido: trasladó parte de su riesgo sísmico al mercado internacional mediante un bono catastrófico —CAT Bond— por US$400 millones. No era una póliza tradicional ni un fondo de emergencia. Era un sofisticado mecanismo financiero diseñado para que, ante un terremoto que cumpliera determinados parámetros, el Estado pudiera acceder rápidamente a recursos extraordinarios.
La operación fue exitosa. Colombia recibió ofertas de inversionistas por US$748 millones para una cobertura de US$400 millones y consiguió una tasa de 3%, inferior a la expectativa inicial de entre 3,5% y 4,25%.
Era, en otras palabras, una herramienta de protección financiera que funcionaba antes de que ocurriera la tragedia.
Pero el bono venció el 15 de febrero de 2021. Y no continuó!!!

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Colombia aseguró el terremoto. Después dejó de hacerlo!
Aquí comienza la pregunta incómoda. El CAT Bond fue estructurado con el Banco Mundial dentro de una operación de la Alianza del Pacífico. Para Colombia representaba US$400 millones de cobertura sísmica durante tres años. El vencimiento está documentado oficialmente.
La cobertura terminó durante la gestión de Alberto Carrasquilla como ministro de Hacienda del gobierno de Iván Duque y no fue reactivada posteriormente durante el gobierno de Gustavo Petro.
Eso no significa —y sería irresponsable afirmarlo— que la ausencia del bono haya provocado daños, víctimas o pérdidas derivadas de un terremoto. Un bono catastrófico no evita que tiemble la tierra, no reconstruye automáticamente una vivienda y tampoco sustituye los seguros privados.
Pero sí significa algo mucho más concreto: Colombia renunció a una fuente de liquidez previamente contratada para enfrentar una catástrofe sísmica. Y esa diferencia importa.
Porque cuando ocurre un desastre, el Estado necesita dinero inmediatamente. No dentro de seis meses. No después de aprobar una reforma presupuestal. No después de negociar un crédito. No cuando los mercados hayan decidido si prestan o no.
Lo necesita cuando las carreteras están destruidas, los hospitales tienen daños, miles de familias necesitan alojamiento y los municipios deben comenzar a reconstruir.
El problema colombiano: administrar la emergencia, no el riesgo!
Colombia tiene una larga experiencia enfrentando desastres. Lo que sigue siendo débil es la capacidad de financiar anticipadamente sus consecuencias.
El propio Ministerio de Hacienda ha reconocido que el riesgo de desastres constituye una amenaza significativa para las finanzas públicas y que representa uno de los pasivos contingentes relevantes para la Nación.
Entonces aparece la contradicción. El Estado sabe que Colombia es sísmicamente vulnerable. Conoce sus ciudades. Conoce la concentración de población y activos. Conoce el costo potencial de una catástrofe. Incluso había desarrollado instrumentos sofisticados para transferir parte de ese riesgo al mercado internacional.
Y, sin embargo, una vez vencida la cobertura, el país quedó nuevamente dependiendo en mayor medida de sus propios recursos fiscales y de mecanismos posteriores al desastre. Eso no es prevención financiera. Eso es esperar.

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Fue una política que no se convirtió en política de Estado!
Hay quienes podrían argumentar que mantener un CAT Bond cuesta dinero y que, si no ocurre un terremoto que active la cobertura, la prima aparentemente se “pierde”.
Ese razonamiento es peligroso. Con el mismo argumento podríamos cuestionar cualquier seguro: salud, incendio, automóvil, infraestructura o vida.
El propósito del seguro no es generar rentabilidad cuando nada sucede. Su propósito es evitar que un evento extraordinario destruya financieramente al asegurado.
El CAT Bond de Colombia fue precisamente eso: una herramienta para transferir parte del riesgo financiero de una catástrofe al mercado de capitales. El modelo tenía además una ventaja fundamental: al ser paramétrico, la activación dependía de variables previamente definidas —como magnitud, localización y profundidad del sismo— y no necesariamente de esperar una valoración convencional de cada daño para disponer de los recursos.
La factura de la improvisación
El verdadero debate, entonces, no debería ser Santos contra Duque, ni Duque contra Petro. Ese sería el camino fácil.
La discusión seria es otra: ¿Por qué Colombia no convirtió la transferencia del riesgo catastrófico en una política permanente de Estado?
Porque los terremotos no respetan presidentes. No preguntan quién gobierna. No esperan el presupuesto del año siguiente. No revisan el Marco Fiscal. No consultan si el Gobierno tiene caja.
Cuando ocurren, simplemente ocurren. Y entonces aparecen las mismas escenas conocidas: decretos de emergencia, presupuestos extraordinarios, créditos, reasignaciones, ayudas humanitarias y una carrera contra el tiempo para conseguir recursos.
La lección es brutalmente sencilla
Colombia ya había hecho la tarea. Había modelado el riesgo. Había construido el instrumento. Había conseguido inversionistas. Había obtenido US$400 millones de cobertura. Y había demostrado que podía utilizar los mercados internacionales para proteger sus finanzas públicas frente a un terremoto.
Después dejó vencer esa protección. Esa es la parte de la historia que no debería perderse entre discursos políticos.
Porque un país serio no puede limitarse a reconstruir después del desastre. Tiene que financiar el riesgo antes de que ocurra.
El CAT Bond no era una solución mágica. Pero era una pieza de una arquitectura financiera mucho más inteligente: seguros, bonos catastróficos, fondos de emergencia, crédito contingente, infraestructura resiliente, normas sismorresistentes y reservas fiscales.
El error no fue solamente dejar vencer un bono. El verdadero error sería no aprender de ello. Porque los terremotos son inevitables.
La improvisación, no!!!
*Este artículo fue creado por la Sala de Observación y Análisis de OPEN HOUSE COLOMBIA, perfeccionado con inteligencia artificial que utiliza ‘Machine Learning’ para corrección de texto similar al humano.
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