CON EL DOLOR AJENO NO SE JUEGA!

Por: FERNANDO GIRALDO NARANJO (Marketer & Estratega Real Estate Global)

El día en que el clic se convirtió en mercancía: la polémica portada de El Colombiano sobre Pereira reabrió una vieja herida territorial y puso sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar un medio para conseguir impacto?

Hay titulares que informan. Hay titulares que conmueven. Y hay titulares que buscan incendiar: “El día en que Dios se olvidó de Pereira”.

Con esa frase, publicada por El Colombiano en su edición dominical del 16 de agosto, el periódico antioqueño consiguió exactamente lo que un titular de alto impacto busca: atención, conversación y controversia. Pero también consiguió algo que ningún medio debería perseguir deliberadamente: convertir el dolor de una ciudad golpeada por un terremoto en objeto de provocación en medio de una tragedia.

La controversia no es imaginaria: el titular fue ampliamente cuestionado por toda Colombia, ciudadanos y dirigentes, incluso desde sectores antioqueños que consideraron irrespetuosa la utilización del dolor de Pereira como recurso editorial.

Y aquí hay que decirlo sin anestesia: Con el dolor ajeno no se juega!

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El clic como negocio editoral!

La tragedia ya tenía suficiente dramatismo. Un terremoto de magnitud 7,4 había sacudido Colombia el 10 de agosto, con graves afectaciones en Chocó, Valle del Cauca y el Eje Cafetero. Pereira aparecía entre las ciudades más golpeadas, con edificios afectados, personas atrapadas y una ciudad enfrentada al caos de las primeras horas. El propio Colombiano documentó la magnitud de la emergencia y relató el drama de los rescates en Pereira.

  • No hacía falta fabricar dramatismo.
  • No hacía falta invocar a Dios.
  • No hacía falta convertir la tragedia en una sentencia metafísica.
  • Había hechos suficientes.

Pero el periódico eligió una fórmula mucho más agresiva. Y ahí aparece el canibalismo del clic: esa lógica contemporánea en la que la atención se convierte en mercancía y la conmoción empieza a valer más que la información.

El problema no es utilizar una metáfora. El problema es qué metáfora se escoge, cuándo se utiliza y sobre quién cae el golpe.

El problema no es Dios, es el periodismo!

La discusión tampoco debe convertirse en una confrontación religiosa. Nadie está discutiendo la libertad de expresión. Nadie pretende imponerle a un periódico qué puede pensar, escribir o publicar.

El titular no es cuestionable porque mencione a Dios. Es cuestionable porque utiliza una referencia religiosa para dramatizar el sufrimiento de una población en el momento mismo en que esa población estaba intentando sobrevivir, rescatar personas y recoger los pedazos de su ciudad.

Hay una frontera entre el periodismo literario y la crueldad editorial. Y esa frontera se llama responsabilidad.

Otros medios entendieron que, después del terremoto, la conversación debía girar alrededor de las víctimas, la solidaridad, la vulnerabilidad de las edificaciones, la gestión del riesgo y la reconstrucción. Incluso una columna publicada posteriormente cuestionó directamente el titular y planteó que la pregunta pertinente no era de quién se había olvidado Dios, sino en qué había fallado la sociedad. Esa es la discusión que importa.

En semejante escenario, preguntar si “Dios se olvidó de Pereira” no aporta información. No explica el fenómeno sísmico. No ayuda a entender los daños. No identifica responsabilidades. No ayuda a reconstruir. Provoca! Y el periodismo serio debe saber que provocar no es lo mismo que informar.

Pero la historia hace que el titular pese más!  

Aquí aparece una dimensión que no puede ignorarse. Pereira, Manizales y Armenia no son simplemente tres ciudades vecinas. Son protagonistas de una historia territorial marcada por la antigua existencia del Viejo Caldas.

Entre 1905 y 1966 existió el departamento de Caldas, dentro del cual se desarrollaron fuertes disputas entre las élites de Manizales y Pereira por el poder político y regional. La historiografía académica ha estudiado expresamente esas confrontaciones y sus consecuencias.

Pereira no nació ayer. La creación de Risaralda y Quindío en 1966 fue la culminación de movimientos autonomistas que buscaban romper esa estructura de concentración territorial. El Viejo Caldas dejó de existir, pero las identidades construidas durante aquellas décadas no desaparecieron por decreto.

Por eso sería irresponsable afirmar que todos los antioqueños mantienen un supuesto “rencor” contra Pereira. Pero también sería ingenuo desconocer que Colombia conserva memorias territoriales, rivalidades y viejas disputas de poder.

Y cuando un medio nacido en Medellín publica una frase como esta sobre Pereira, en medio de una tragedia, inevitablemente activa una historia que lleva décadas construyendo identidades, rivalidades y orgullos regionales.

Un buen editor debería saberlo. Y un periódico regional debería saber perfectamente dónde pisa.

El Colombiano tenía mil formas de contar la tragedia!

Podía hablar de los muertos. De los desaparecidos. De los edificios afectados. De los rescatistas. De las familias. De la reconstrucción. De la vulnerabilidad sísmica. De las responsabilidades institucionales. De la extraordinaria respuesta ciudadana. Incluso podía hacer una investigación demoledora sobre lo que falló.

Pero escogió a Dios. Y escogió a Pereira!

Precisamente cuando Pereira estaba de rodillas. Eso no convierte automáticamente al periódico en enemigo de la ciudad. Pero sí permite cuestionar seriamente la ética y el criterio editorial de la portada.

Porque una cosa es hacer periodismo incómodo. Otra, muy distinta, es hacer espectáculo con una ciudad que acaba de ser golpeada. Porque un medio puede hacer cien páginas de buen periodismo y equivocarse gravemente en una portada.

Y una portada no es cualquier cosa. Es una declaración.

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Pereira no necesita que nadie se acuerde de ella!

Hay una respuesta mucho más poderosa que cualquier insulto. Pereira no necesita que El Colombiano la compadezca. Tampoco necesita que Medellín la reivindique. Ni que Manizales la reconozca. Ni que Bogotá la descubra.

Pereira lleva más de un siglo construyendo su propio camino!

La ciudad que alguna vez hizo parte de una estructura territorial dominada por otros centros terminó convirtiéndose en capital de Risaralda y en uno de los principales nodos urbanos, comerciales y logísticos del Eje Cafetero. Y ahora enfrenta otra batalla. No contra Antioquia. No contra Manizales. No contra El Colombiano. Contra la adversidad.

Por eso la respuesta de Pereira no debe ser odio. Debe ser carácter!

Porque si alguien realmente creyó que un terremoto podía convertir a Pereira en una ciudad derrotada, se equivocó de ciudad. Y si alguien creyó que una frase podía humillarla, se equivocó todavía más.

Dios no se olvidó de Pereira. Lo que Pereira está demostrando estos días es algo mucho más poderoso: Pereira no se olvida de sí misma. Y una ciudad que no se olvida de quién es, difícilmente puede ser derrotada por un terremoto. Mucho menos por un titular.

Pereira no necesita milagros. Pereira está demostrando, una vez más, de qué está hecha. Porque con el dolor ajeno no se juega. Se respeta!!!

Pereira: Gentes con berraquera y corazón ante la adversidad!

*Este artículo fue creado por la Sala de Observación y Análisis de OPEN HOUSE COLOMBIA perfeccionado con inteligencia artificial que utiliza ‘Machine Learning’ para corrección de texto similar al humano.

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