LA HOTELERÍA EN COLOMBIA, TIENE MÁS CAMAS, PERO MENOS HUÉSPEDES!
Por: FERNANDO GIRALDO NARANJO (Marketer & Estratega Real Estate Global)
La desaceleración del turismo receptivo, las alertas internacionales por seguridad, el crecimiento acelerado de las viviendas turísticas y el cierre de bares y establecimientos gastronómicos están poniendo a prueba el modelo de hospitalidad colombiano.
No basta con atraer visitantes ni construir nuevos proyectos: el verdadero desafío es generar demanda sostenible, proteger la inversión y recuperar la confianza de quienes viajan y consumen en nuestro país.
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Una crisis que ya no parece coyuntural!
Las cifras presentadas durante el 32º Congreso Nacional de la Hotelería – Expo Cotelco 2026 son preocupantes. Según el gremio, 35 de los últimos 48 meses registraron caídas interanuales en la ocupación hotelera. El indicador pasó de aproximadamente 58 % en agosto de 2022 a 48 % en agosto de 2026. Una realidad por debajo del 50% es compleja.
El DANE también registra señales de deterioro. En agosto de 2026, los ingresos reales de los establecimientos de alojamiento disminuyeron 11,8 % frente al mismo mes del año anterior y el personal ocupado cayó 6 %. En la región Eje Cafetero, la reducción de los ingresos reales alcanzó 44,9 %.
La preocupación no se limita a las habitaciones vacías. Detrás de estos resultados están la presión sobre las tarifas, los costos operativos, la rentabilidad de los activos y la capacidad de mantener empleos formales. Para el Real Estate, la pregunta es inevitable: ¿realmente estamos construyendo infraestructura turística al ritmo de una demanda que realmente existe?

Más camas, pero menos huéspedes!
Uno de los datos más reveladores expuestos por Cotelco, es el crecimiento de las viviendas turísticas. Entre 2019 y 2026, las habitaciones registradas en esta modalidad aumentaron 401 %, frente al 18 % de la hotelería tradicional. En camas, el crecimiento fue de 465 % y 30 %, respectivamente.
Desde 2023, según el gremio, las camas disponibles en viviendas turísticas superan las de los establecimientos hoteleros.
No sería riguroso responsabilizar exclusivamente a las plataformas digitales de la crisis. La renta corta responde a nuevas preferencias de alojamiento y amplía las alternativas del viajero. Sin embargo, su expansión modifica profundamente la competencia y exige reglas claras en materia tributaria, seguridad, formalización y protección del consumidor.
El problema es más amplio: una oferta que crece sin estudios suficientes de absorción puede terminar deteriorando la rentabilidad de todos. La inversión inmobiliaria no puede seguir confundiendo la comercialización de unidades con la viabilidad de un negocio hotelero.
ANATO advierte: la inseguridad también cuesta turistas!
El turismo receptivo enfrenta otro desafío: la percepción internacional de inseguridad. Según un sondeo de ANATO, el 38,2 % de las agencias consultadas identificó una percepción negativa en determinados destinos como la principal causa de la desaceleración de la demanda en la temporada analizada.
La advertencia coincide con las recomendaciones de viaje de gobiernos extranjeros. Estados Unidos mantiene a Colombia en nivel 3, que aconseja reconsiderar el viaje, debido a riesgos relacionados con criminalidad, terrorismo, disturbios y secuestro.
Las cifras de llegadas requieren una lectura cuidadosa. En 2025, Colombia recibió 4.677.267 extranjeros no residentes, un crecimiento de 3,8 % frente a 2024, según ANATO. Sin embargo, los registros de turistas extranjeros entre enero y septiembre de 2026 muestran una disminución frente al mismo periodo del año anterior.
Esto no demuestra que todos los visitantes estén descartando a Colombia por razones de inseguridad. Sí se evidencia claramente que el país pierde competitividad en un mercado internacional donde el viajero compara precios, conectividad, experiencias y, especialmente, tranquilidad.
A la inseguridad se suman otros factores: el TRM, la apreciación del peso, que puede encarecer el destino para el extranjero; la informalidad; los costos operativos y las dificultades de rentabilidad de los intermediarios turísticos. ANATO también ha advertido que estos elementos afectan la competitividad de las agencias.
La seguridad turística, por tanto, no puede tratarse como un asunto exclusivo de la Policía. Es una condición económica para hoteles, restaurantes, bares, operadores, transportadores y comunidades receptoras. Infortunadamente ese proceso migratorio masivo no ha arrojado cifras positivas.
Restaurantes: demasiada oferta para una demanda limitada!
La gastronomía tampoco escapa a esta realidad. Se reportaron 4.400 establecimientos gastronómicos formales cerrados a septiembre de 2026 y advirtieron que la cifra podría superar los 6.500 al finalizar el año. Son estimaciones gremiales, no un censo oficial definitivo.
El incremento de insumos, nóminas, arrendamientos y servicios públicos coincide con consumidores que reducen la frecuencia de sus visitas y el gasto por salida. En algunas zonas, la proliferación desbordada de restaurantes, gastrobares y establecimientos de entretenimiento ha generado una competencia difícil de sostener.
La hipótesis de una burbuja de la hospitalidad merece análisis: negocios que abren bajo expectativas de consumo que no se materializan, proyectos que compiten por el mismo público y activos inmobiliarios que dependen de una rentabilidad cada vez más difícil de alcanzar.
También deben investigarse los riesgos asociados a explotación sexual, tráfico de drogas y otras actividades criminales en determinados entornos turísticos, sin estigmatizar a los visitantes extranjeros ni atribuir a todo el sector prácticas ilegales. La formalidad y la seguridad son responsabilidades compartidas.
La crisis también se vive después del atardecer!
La ecuación de la hospitalidad estaría incompleta sin los bares, discotecas y otros establecimientos de entretenimiento nocturno. Su situación demuestra que el problema no termina cuando el turista abandona el hotel: continúa en las barras, los escenarios musicales y los negocios que dependen del consumo fuera del hogar.
Al cierre del primer semestre de 2026 el sector registraba un decrecimiento cercano al 17 %. El gremio atribuye esta presión a la contracción del consumo de los hogares, la reducción del gasto promedio y el aumento de los costos operativos, incluidos los laborales y los asociados a la actividad nocturna.
El dato introduce una variable fundamental: la crisis de la hospitalidad no depende exclusivamente de cuántos turistas llegan al país, sino también de cuánto pueden y quieren gastar quienes viven en él. Un hotel puede recibir huéspedes y, aun así, encontrar una demanda débil para sus gastrorestaurantes y bares; una ciudad puede atraer visitantes durante el día, pero perder oportunidades económicas si no ofrece entornos nocturnos seguros, atractivos y conectados.
Por eso, la recuperación turística debe incluir al entretenimiento como parte de la solución. Se necesitan estrategias de seguridad, movilidad nocturna, programación cultural, promoción conjunta y acompañamiento a los negocios afectados, sin desconocer los controles de legalidad, convivencia y seguridad humana.
La pregunta para los gobiernos locales y los gremios no es simplemente cómo abrir más establecimientos, sino cómo conseguir que los existentes sean sostenibles y formen parte de una experiencia turística integral. Una ciudad que invita a visitarla, pero no consigue ofrecer una vida nocturna segura, diversa y económicamente viable, está dejando escapar una parte importante de su potencial.

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Eje Cafetero: tres departamentos, un destino fragmentado!
El sector hotelero del «Eje Cafetero» atraviesa una de las mayores distorsiones estructurales de su historia reciente. No se trata de una coyuntura pasajera ni de una simple desaceleración del turismo: estamos ante un desbalance y desconexión profunda entre oferta, demanda y racionalidad de inversión, con efectos directos sobre la rentabilidad, la confianza del inversionista y la sostenibilidad del destino.
Pereira, el caso más crítico: Pereira concentra el mayor nivel de riesgo sistémico. Su condición de ciudad comercial y principal «HUB aéreo del Eje Cafetero» detonó una avalancha de proyectos hoteleros, muchos estructurados bajo esquemas de preventa, fraccionamiento de rentas o promesas de operación y rentabilidad futura.
El resultado ha sido alarmante:
- Proyectos con líneas de gestión comercial excesivas, superiores a cinco años.
- Desarrollos sin inicio real de obra, sin cierres financieros sólidos ni cronogramas creíbles.
- Obras iniciadas sin músculo financiero suficiente.
- Activos convertidos en pasivos urbanos y financieros, cuya viabilidad ya no resiste ningún análisis técnico serio.
Estos subdesarrollos no sólo afectan a quienes invirtieron directamente en ellos. Contaminan todo el ecosistema hotelero regional, ralentizando la absorción de proyectos ejecutables y bloqueando nuevas decisiones de inversión, generando un efecto dominó negativo sobre todo el «Eje Cafetero»!. Quizás el indicador más preocupante —y menos discutido públicamente— es la deserción de marcas hoteleras de prestigio mundial en proyectos que se encontraban en etapas avanzadas de construcción o próximos a finalizar obra.
Un activo hotelero que no se construye ni se opera no es un proyecto en pausa: es un mercado enfermo.
Armenia y Manizales, fortalezas claras, demanda insuficiente: Armenia ha optado por una estrategia de posicionamiento mediante proyectos con sellos de operación internacional, apalancándose en el Paisaje Cultural Cafetero, el turismo rural y los municipios circundantes como Salento, Filandia y el Valle de Cocora.
Manizales, en contraste, ha mostrado una dinámica más contenida y más conservadora, mantiene una dinámica basada en turismo cultural, académico y de eventos, con picos durante la Feria de Manizales. Aun así, la estacionalidad sigue siendo alta y limita la viabilidad de nuevos desarrollos hoteleros de gran escala.
Sin embargo, el problema es aún más profundo: el «Eje Cafetero» no ha logrado consolidarse como un destino turístico integrado, sino que continúa actuando como tres capitales aisladas que compiten entre sí.
La propuesta es dejar de vender tres capitales en competencia aisladas y construir un solo destino: Pereira como hub aéreo, comercial; Armenia como territorio de paisaje, café, bienestar y experiencias rurales; y Manizales como polo cultural, académico, deportivo y de eventos. Los municipios cercanos deben funcionar como extensiones naturales de una experiencia regional, no como productos desconectados.
Eje Cafetero: «la capital del turísmo verde de Colombia». Esta integración permitiría ampliar estadías, distribuir el gasto, reducir la estacionalidad y fortalecer la ocupación. Pero también exige revisar los proyectos hoteleros que no han demostrado viabilidad comercial, financiera ni operativa. No todo proyecto anunciado debe convertirse en una nueva inversión, y no toda preventa representa un negocio turístico sostenible.
La proximidad territorial permite que un visitante consuma el territorio como un todo, ampliando estadías, incrementando gasto y elevando ocupaciones hoteleras de manera estructural.
Desde nuestra sala de análisis: la hospitalidad colombiana necesita una revisión estructural. Los gremios, las autoridades, los inversionistas y los operadores deben dejar de medir el éxito únicamente por nuevas habitaciones, visitantes o aperturas comerciales.
Es indispensable potenciar al turista extranjero y recuperar al turista nacional, fortalecer la seguridad, formalizar la oferta, mejorar la conectividad y exigir estudios de mercado rigurosos antes de promover nuevos desarrollos.
La verdad incómoda es que Colombia puede seguir aumentando su inventario turístico mientras pierde rentabilidad, empleo y confianza. No necesitamos solamente más hoteles, restaurantes y alojamientos: necesitamos destinos competitivos, negocios viables y una industria capaz de cuidar a quienes la sostienen.
*Este artículo fue creado por la Sala de Observación y Análisis de OPEN HOUSE COLOMBIA, perfeccionado con inteligencia artificial que utiliza ‘Machine Learning’ para corrección de texto similar al humano.
OPEN HOUSE COLOMBIA: inteligencia y confianza para el ecosistema inmobiliario (mercados, inversión, territorio, indicadores.
